La historia de la Minolta Dynax 7000i

una cámara analógica de 1988

Recibí una Minolta Dynax 7000i, una cámara analógica de 1988, como regalo. Con sus líneas suaves y su diseño distintivo, se sintió como una máquina del tiempo del pasado, de una era de película, paciencia y encuadres cuidadosamente pensados.

Durante años, usé Canon y Sony, acostumbrándome a la velocidad, los resultados instantáneos y los intentos sin fin. Había olvidado lo que se siente al sostener una cámara pesada y mecánica, escuchar el sonido del motor al enrollar el filme, pensar por adelantado porque cada foto importaba.

Compré un rollo de Kodak Gold 36, lo inserté, cerré la tapa y escuché ese inconfundible sonido de enrollado. Fue como un ritual, como regresar a un tiempo en el que la fotografía requería paciencia y anticipación.

Minolta Dynax 7000i: Una revolución en su tiempo

Cuando apareció, la Minolta Dynax 7000i introdujo innovaciones que fueron revolucionarias en su momento:

–  Autofocus rápido – más lento en comparación con los estándares de hoy, pero aún preciso.
–  Medición de luz a través del objetivo (TTL) – útil, pero requiere experiencia.
–  Velocidad de obturación hasta 1/4000 seg – lo suficientemente rápido para la mayoría de las escenas.
–  Creative Expansion Cards – una forma revolucionaria de personalizar las funciones de la cámara.

Pero el mayor impacto no fueron las diferencias técnicas. Fue la sensación de fotografiar sin pantalla.

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Sin pantalla, sin respuestas inmediatas

Con mi Sony, veo todo al instante: exposición, histograma, precisión del enfoque. Si algo no está bien, puedo corregirlo de inmediato y tomar otra foto.

Con Minolta, presiono el obturador y… espero. No hay “chimping”, no hay confirmación instantánea. Solo confianza: confiar en que medí bien la luz, que encuadré bien la foto y que la reacción química en el filme capturará lo que vi.

Pero no fue solo la espera lo que cambió mi enfoque, también fue la forma en que tomaba las fotos.

En la era digital, puedo disparar 36 fotos en minutos. Este rollo me duró un mes. Elegí los momentos cuidadosamente, nunca repetí tomas. En mi ciudad, encontrar un lugar para revelar era casi imposible. Tuve que viajar a otro lugar y esperar dos semanas – porque ya no se procesa la película de inmediato; recogen varios rollos y los desarrollan todos a la vez.

No, no dejaré de usar mi Sony. Lo digital es rápido, flexible y poderoso. Pero el filme me trae de vuelta a la disciplina, la lentitud y la imprevisibilidad.

Las fotos resultaron imperfectas, pero valiosas. Porque cada una cuenta una historia, cada encuadre fue cuidadosamente elegido, cada momento capturado con intención.

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